Siendo el maíz esencial para la alimentación de cerdos, aves y ganado amén de los humanos esta información nos debe resultar de interés. Las plantas de maíz son capaces de comunicarse entre sí mediante «susurros» químicos para defenderse de sus enemigos, especialmente cuando se cultivan muy juntas. Investigaciones recientes, publicadas en la revista Science, han explorado las consecuencias de sembrar maíz en alta densidad, una práctica común que ha ayudado a multiplicar la producción de gramíneas.
Señales Químicas y Respuestas Defensivas
La clave de esta comunicación es una sustancia volátil que el maíz libera llamada linalool. El un componente orgánico volátil (VOC, por sus siglas en inglés) que está presente de forma constitutiva en las hojas, es decir, se libera en condiciones normales y no solo bajo ataque o estrés.
Cuando las plantas de maíz están muy cerca, el linalool alcanza un umbral crítico que funciona como una señal disparadora. Este «aviso» induce a las plantas vecinas a realizar varios cambios metabólicos en menos de tres días:
Si bien esta defensa reduce significativamente el daño por plagas en los campos densamente cultivados, tiene el costo de frenar el crecimiento de las plantas, ya que los recursos se dedican a la defensa en lugar del desarrollo.
El «Efecto Legado» en el Suelo
El proceso de defensa del maíz no termina con la planta individual; la comunicación deja un impacto duradero. La liberación de linalool y la posterior exudación de benzoxazinoides afectan la microbiota del suelo, incluyendo la rizosfera (la simbiosis entre hongos beneficiosos y la raíz).
Este efecto se conoce como un «legado defensivo» en la tierra, que perdura incluso después de que la planta original es retirada. Funciona de manera similar a una vacuna, preparando el sistema inmune de la siguiente generación de maíz para resistir mejor a sus peores enemigos, como el gusano cogollero, nemátodos, o el tizón de la hoja.
Este descubrimiento, que demuestra cómo el maíz interactúa con su entorno a través de la comunicación química y modifica el microbioma del suelo, abre la puerta a considerar el uso de estas sustancias propias de la planta (como el linalool sintético) como un potencial plaguicida en la agricultura.
Extractado de “Las plantas de maíz se comunican entre sí para defenderse cuando están muy juntas” publicado en El País.







